Hace casi 1,800 años, en la ciudad de Cesarea, un pensador cristiano llamado Orígenes discutió Isaías 53 con un sabio judío. El sabio le dijo: el siervo es el pueblo de Israel. Y Orígenes le respondió con un versículo que, según él mismo, fue su mejor argumento. Hoy no voy a esquivar esa pregunta. Si yo fuera cristiano, estas son las tres preguntas que le haría a un judío sobre Isaías 53. Y no son fáciles. Te prometo algo: cuando una respuesta sea discutible, te lo voy a decir con esa palabra. Este es el tercer video de la serie. Ya vimos el contexto y el hebreo. Hoy, las preguntas difíciles. Capítulo uno. Si el siervo es Israel, ¿cómo restaura a Israel? Primera pregunta. En el capítulo 49, versículo tres, Dios dice: Mi siervo eres tú, Israel. Pero dos versículos después, el mismo siervo tiene una misión: hacer volver a Jacob y levantar las tribus de Jacob. Entonces, ¿cómo va Israel a restaurar a Israel? Es la mejor pregunta cristiana de todo el tema. Y la respuesta honesta empieza por reconocer algo: en Isaías, la palabra siervo no siempre señala exactamente a lo mismo. A veces es toda la nación: tú, Israel, siervo mío. A veces es una nación imperfecta: ¿quién es ciego, sino mi siervo?. Y en el capítulo 49 habla una voz que dice: el Eterno me llamó desde el vientre. Es la voz de alguien dentro de Israel. Rashi lo explica así en el capítulo cincuenta y dos: mi siervo Jacob: los justos que hay en él. Una parte fiel de Israel que hace volver al resto… y que es luz de las naciones. Y un dato curioso: en el versículo cinco, el texto hebreo tiene escrita la palabra no, pero la tradición la lee a él. La King James siguió lo escrito: aunque Israel no sea reunido. La Reina-Valera siguió la lectura: para congregarle a Israel. ¿Esto cierra la pregunta? No. Es debatible, y lo digo con esa palabra. Pero fíjate en lo que no cambia: aun si en el capítulo 49 habla un profeta, sigue siendo un ser humano dentro de Israel. Y el único nombre que el texto le da… sigue siendo Israel. Capítulo dos. Por la rebelión de mi pueblo. Segunda pregunta: la de Orígenes. Isaías 53, versículo ocho: por la rebelión de mi pueblo. Si el siervo es el pueblo, ¿quién es mi pueblo? Voy a ser directo: este es el versículo que más le cuesta a la lectura judía. Y por eso los comentaristas lo han trabajado desde hace siglos. Primera respuesta, la de Radak, en la Edad Media: recuerda que hablan las naciones. Cada pueblo lo dirá así: cada nación dice por la rebelión de mi pueblo, del suyo. Segunda respuesta: que hable Dios, como tres versículos antes: mi pueblo fue llevado sin causa. Pero seamos justos: si mi pueblo es Israel y el siervo es otro, eso favorece al cristiano. No te lo voy a esconder. Tercera: una de las copias de Isaías encontradas en Qumrán dice su pueblo, no mi pueblo. Es una sola copia, así que es un dato, no una prueba. Y hay un detalle que casi nadie nota. Orígenes citaba el versículo en griego, de la Septuaginta: por las iniquidades de mi pueblo fue llevado a la muerte. Pero el hebreo no dice fue llevado a la muerte. Dice lo que vimos en el video anterior: el golpe fue para ellos. El mejor argumento de Orígenes descansaba en una traducción. Entonces, ¿por qué la lectura judía sigue en pie? Porque una frase difícil no cambia todo lo demás: el nombre que Isaías le da al siervo, los que hablan en el poema, el cuerpo herido de Isaías uno, los cortados de Ezequiel 37. La pregunta es real. Pero el peso del texto sigue estando del mismo lado. Capítulo tres. Israel no era inocente. Tercera pregunta. El versículo nueve dice que el siervo no hizo violencia, ni hubo engaño en su boca. Y el mismo Isaías llama a Israel nación pecadora. ¿Cómo puede ser Israel? Primero, mira lo que dice el hebreo. La Reina-Valera 1960 traduce: aunque nunca hizo maldad. Pero la palabra hebrea significa violencia. La King James lo traduce bien: no violence. No es lo mismo. Nunca hizo maldad suena a alguien sin pecado. El hebreo dice algo más concreto: no fue violento, no engañó. Y ahora mira cómo describe el profeta Sofonías al remanente de Israel: El remanente de Israel no hará injusticia ni dirá mentira, ni se hallará en su boca lengua engañosa. Casi las mismas palabras. Isaías dice además que Jerusalén recibió el doble por sus pecados, y que el pueblo fue oprimido sin causa. Rashi entiende la inocencia así: Israel aceptó toda clase de muerte antes que negar al Dios vivo. Un cristiano podría responder: el remanente tampoco era perfecto. Es verdad. Pero justo no significa sin pecado. El Eclesiastés dice: no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque. Y el Evangelio de Lucas llama justos a Zacarías y a Isabel. Justo no es perfecto. Mi conclusión: todo Israel era inocente sería un mal argumento, y no lo uso. El remanente justo de Israel, que es como lo describe la propia Biblia, es una respuesta seria. Capítulo cuatro. ¿Puede alguien sufrir por otros? Y llegamos a la pregunta de fondo. El siervo sufre por los pecados de otros. ¿Eso no es exactamente lo que dice el cristianismo de Jesús? Aquí tengo que conceder antes de responder. Rashi dice que las naciones fueron perdonadas gracias al sufrimiento de Israel. Y el Talmud aplica el último versículo del poema a Moisés: dice que se entregó a la muerte por su pueblo y que expió el pecado del becerro de oro. ¿Cómo? Con su oración: pidió misericordia para que los pecadores se arrepintieran. Así que sí: el judaísmo conoce la idea de un justo que sufre, que intercede, y que eso beneficia a otros. Pero hay cuatro límites. Primero: el texto dice a causa de, no en lugar de. Lo vimos en el video anterior. Segundo: cargar las iniquidades no siempre significa quitarlas. En Lamentaciones, los hijos dicen: nuestros padres pecaron y ya no existen, y nosotros cargamos sus iniquidades. Son las mismas dos palabras hebreas de Isaías 53, once: y sus iniquidades él cargará. Los hijos no quitaron el pecado de sus padres. Sufrieron sus consecuencias. Y fíjate: la Reina-Valera traduce llevamos su castigo, y así el parecido con Isaías desaparece. Tercero: la Torá rechaza que una persona muera en lugar de otra. Moisés se ofreció: bórrame de tu libro. Y Dios respondió: al que pecó contra mí, a ese borraré. Ezequiel lo convierte en regla: el alma que peca, esa morirá. Y aquí viene algo que casi nadie cuenta. El comentarista Radak, en este mismo versículo, cita a Ezequiel y dice: nadie carga el pecado de otro, mucho menos una nación el de otra. Entonces, ¿qué significa él llevó nuestras enfermedades? Son las palabras de las naciones el día de la redención: al ver que Israel tenía razón, entienden que su sufrimiento no se debía a sus propios pecados. Cuarto, y lo más importante. Un cristiano podría decir: entonces la lectura judía tiene el mismo problema. No. Hay una diferencia enorme entre un pueblo justo que sufre y eso termina beneficiando a otros… y un sacrificio humano y divino, único y definitivo, que reemplaza el arrepentimiento y que exige creer en él para salvarse. Lo primero está en la Biblia hebrea. Lo segundo, no. Tres preguntas serias. Una es debatible, otra es la más difícil del tema, y la tercera tiene una respuesta bíblica fuerte. Ninguna te obliga a ver en Isaías cincuenta y tres a un mesías divino que muere por los pecados del mundo. Pero hay algo que seguro te dijeron: que los rabinos antiguos sí creían que Isaías 53 hablaba del Mesías. En el próximo video vamos a abrir el Talmud, el Tárgum y los comentaristas, y a leer lo que dicen de verdad. Completo.